En Occidente, la mayor parte de las infecciones por VIH se producen en hombres que tienen sexo con otros hombres. Existía evidencia previa de que las personas con VIH que seguían un tratamiento con antirretrovirales y no tenían virus detectable en sangre no lo transmitían a sus parejas sexuales. No obstante, la mayor parte de los estudios se habían realizado con personas heterosexuales, y nosotros queríamos demostrar que tampoco hay transmisión del virus entre parejas homosexuales, que también son una población clave.
En un estudio con 800 parejas gais, hemos comprobado que la adherencia al tratamiento es la clave y que reduce a cero la transmisión del virus. En este caso, la profilaxis preexposición (PrEP) —medicamentos tomados a diario para evitar la infección— en la pareja solo es necesaria hasta que la persona con VIH tiene el virus indetectable en sangre al menos seis meses. Después de ese tiempo, la PrEP ya no es necesaria, y es una decisión de la pareja usar o no preservativo, sabiendo que no existe riesgo. Nuestra investigación contribuye a luchar contra el estigma de las personas con VIH no solo desde un punto de vista médico, sino también social y psicológico.


